lunes, 9 de julio de 2007

NOTICIAS DEL MES DE JULIO

SOFÍA

UN NOMBRE DE REINA

            Una de las Sofías más conocidas de todas las que se encuentran en el árbol genealógico de la recién nacida Infanta Sofía es Catalina la Grande, que recibió este nombre cuando fue rebautizada tras su conversión al cristianismo ortodoxo. Nacida como Sofía d`Anhalt- Zerbst en el seno de una familia alemana ilustre, pero pobre, en 1762 se convirtió en la Emperatriz de Rusia debido al asesinato de su marido, el Zar Pedro III, víctima de un complot político liderado, según algunos historiadores, por su propia esposa. Aunque la agitada vida privada de esta antepasada puede resultar un poco sorprendente –se la ha calificado como una mujer extremadamente promiscua-, fue una soberana ilustrada, amiga de Voltaire y una gran mecenas. A ella se le deben un gran número de palacios y unos de los museos más bellos del mundo: el famoso Ermitage.

 

MUJERES FUERTES Y POLÉMICAS

            Ascendiendo por la genealogía de los Romanov, de los que desciende la Reina Sofía de España a través de su bisabuela, la Reina Olga de Grecia, destaca una tía abuela de Catalina la Grande, de nombre también Sofía, a quien un diplomático del siglo XVII describió como "una mujer de monstruosa gordura, de cabeza tan grande como un celemín, rostro velludo y úlceras en las piernas". Hija de Alejandro I de Rusia, nació en 1657 y fue hermana de tres Zares: Fedor III, Iván V y Pedro I. En 1682, tras la muerte del primero, aprovechó su oportunidad para saciar su sed de poder. Iván, disminuido psíquico, estaba incapacitado para reinar. La asamblea de los boyardos llamó al trono a su hermano menor, Pedro, de diez años, nombrado como Regente a su madre, Natalia Narychkine. Pero Sofía, que había nacido de una primera unión del Zar Alexis –padre también de sus hermanos- con un Tolstoï Miloslvski, no estuvo de acuerdo. Gracias a su amante, el príncipe Galitzine, mantenía excelentes relaciones con los streltsy, un cuerpo de mercenarios que constituía lo más granado del ejercito imperial. En muy pocos días, organizó un golpe de estado, y el baño de sangre que se produjo permanece como uno de los hechos más inquietantes de la historia de Rusia. Los narychkine y sus partisanos fueron degollados ante los ojos del pequeño Pedro, cuya vida se salvó gracias a la valentía de su madre, que buscó refugio en un convento. El joven Zar tuvo que esperar siete años para poder vengarse de su hermana. Durante ese tiempo, Sofía dirigió Rusia con mano de hierro y quemó en la Plaza Roja a varios centenares de viejos creyentes que se habían resistido a aceptar los nuevos dogmas de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

            Entres las Sofías antepasadas de la segunda hija de los Príncipes de Asturias se encuentran numerosas mujeres cuya vida ha dejado una huella imborrable. Es el caso de Sofía Dorotea de Celle (nacida en 1666), nieta de Sofía, Princesa palatina esposa del elector Ernesto Augusto de Hannover, a quien su abuela negó los derechos al trono de Inglaterra que ella misma había heredado de su madre, una Estuardo. Tras encontrarlas culpable de flirtear con el Conde de Koenigsmarck, la obligó a pasar varias décadas de su vida encerrada en la misma fortaleza en la que moriría sin haber vuelto a ver jamás a sus hijos. Su hija, otra Sofía Dorotea, dió a luz a un niño que se convertiría en unos de los reyes guerreros más importantes del siglo XVIII: Federico II, de Prusia.                         

                                          

LA INFANTA SOFÍA,

DESCENDIENTE DE LA EMPERATRIZ SISSI

            Igualmente importante fue la rama bávara de la familia Wittelsbach, que cuenta con una impresionante colección de Sofías. ¿Hay alguien que no recuerde a la malvada suegra de la Emperatriz Sissi?. Pues no fue otra que la archiduquesa Sofía, nacida Princesa de Baviera. Pero no es la única Sofía que aparece en la rama de Sissi, en la que figura también una de sus hermanas: Sofía, la Duquesa de Alençon, efímera novia de Luis II y víctima del incendio del Bazar de la Caridad, Finalmente, y mucho más cerca de su generación, otra soberana europea comparte el nombre con la Reina de España y con su nieta: la actual princesa heredera de Liechtenstein, la Princesa Sofía, nacida Sofía de Baviera.          

  

TIAHUANACO

La ciudad de las nubes

Al salir de La Paz, por la carretera del Altiplano que conduce Tihuanaco y la frontera con Perú, una pequeña población aparece a mitad de camino. Cuando Alonso de Mendoza llegó al actual pueblo de Laja, en octubre de 1548, estaba agotado, así que decidió cumplir allí mismo el encargo de la Audiencia de Lima, fundar una ciudad entre Cuzco y La Plata  con el nombre de Nuestra Señora de La Paz. Años atrás los conquistadores habían construido allí una pequeña iglesia, donde levantó acta de la fundación.

            Pero Alonso de Mendoza no resistió el frío del lugar, y tres días después partiría en busca de un lugar más abrigado. Lo encontró donde hoy está la capital de Bolivia. Durante el resto del trayecto, el páramo se ve salpicado por pequeñas construcciones de adobe, bajo la vigilancia de la imponente cordillera de los Andes. A tiro de piedra del lago Titicaca y a casi 4000 metros sobre el nivel del mar llegamos  a Tiahuanaco o Tiwanacu  (en lengua quechua o aimara, respectivamente, con lo que podría significar "siéntate guanaco" o "Donde las piedras levantadas). Se trata de un conjunto de ruinas prehispánicas, a la que también  se las conocía como Taipicala: "estar en medio"  en aimara.

            El historiador Pedro Cieza de León recogió de los naturales  del lugar la leyenda del origen de la ciudad, erigida en una sola noche por seres gigantescos en tiempos anteriores a un gran diluvio. La presencia de humanoides con cuatro dedos, esculpidos en sus en sus murus y estelas, despierta la imaginación de quienes ven un origen extraterrestre  de la ciudadela.

            Resulta difícil establecer quiénes y cuándo construyeron Tiahuanco. Arthur Posnansky estableció una edad mínima para las ruinas  de  unos 14.000 años.

Otras teorías datan  su origen hacia el año 1600 antes de Cristo,  estableciendo su declive en el 1.200 de nuestra era. Algunos expertos proponen que  Tiahuanaco fue la cultura madre  de  las civilizaciones americanas. Rafael Larco estableció que  los mochica (pueblo vinculado a Tiahuanaco) tuvieron un  sistema de escritura, en forma de ideogramas, hermanado con los jeroglifos mayas. El arqueólogo alemán Max Hule defiende  de las similitudes entre la lengua mochica  con las de pueblos  primitivos   centroamericanos. La influencia de Tiahuanaco. Se advierte en los actuales  Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina y en la desembocadura del río Amazonas.

            Tiahunaco está en el fin del mundo, en un lugar imposible para  su magnificencia. Antes de que los incas levantaran su imperio, la ciudad ya había desaparecido. Se baraja la posibilidad de un largo periodo de sequía como origen de su defunción. Pero la presencia de muelles señala la existencia de un  puerto en el Titicaca (que ahora se encuentra a 20 km.) o, incluso, al borde del mismo Océano Pacífico.

            El conjunto monumental lo componen siete  construcciones, dispuestas con certera precisión astronómica. Los tiahuanacanos no disponían de animales de carga ni de ruedas, pero se las ingeniaron para transportar bloques de piedra de mas de 100 toneladas mayores que los utilizados por los antiguos egipcios desde una cantera situada a 40 kilómetros. Las piedras se tallaban y pulían con extrema perfección para construir -uniéndolas mediante grapas engarzadas en muecas- enormes pirámides truncadas, colosales  estatuas y grandes puertas. Además, disponían  de una bella cerámica,  en la que destacan los keros (vasos ceremoniales), y un excepcional arte textil.

Su religión estaba centrada  en el culto a Pachacamac (Dios Sol) y a la Pachamama (Madre  Naturaleza).

            El recinto, además, está considerado como un catalizador de energías. Hay puntos concretos  donde, al mediodía, Las brújulas pierden sentido. Las persona, también, pero es por falta  de oxígeno.

 

LA MEJOR ARMERÍA DEL MUNDO

 

            Dos de mayo de 1808. El tercer articulo del bando que emite Murat para intentar reprimir la sublevación contra los franceses es directo: "La Junta del Gobierno va a hacer desamar a los vecinos de Madrid. Todos los habitantes y estantes quienes después de la ejecución de esta orden hallaren armados conserven arma sin una licencia especial, serán arcabuceados".

            Es el principio del fin de la arcabucería madrileña, que se difumina en el tiempo cuando, en 1813, José Bonaparte ordena destruir la Armería de la Real Ballestería. Esta segunda Armería Real reflejó la importancia de la Villa de Madrid como unos de los centros de producción de armas de fuego de lujo más importantes de Europa. Para recordar la historia y rendir homenaje a la memoria olvidada de los arcabuceros, el Palacio Real abre sus salas a una sugerente exposición: "Tesoros de fuego. Arcabucería madrileña del siglo XVIII".

            Comisariada por Álvaro Soler, esta muestra aspira a dar a conocer, de una forma didáctica, su alta calidad técnica y decorativa que mereció gran reconocimiento internacional. Sin embargo, estos aspectos son pocos conocidos en la historia de la Villa y de las artes aplicadas.

 

MÁS DE TRRECIENTAS PIEZAS

            Por ello, se han seleccionado de entre las colecciones de Patrimonio Nacional, Museo del Prado, Museo Municipal y Fundación Lázaro Galdeano más de trescientas piezas. Son escopetas, pistolas, accesorios de caza y punzones de arcabucero, tapices, pinturas, mobiliario, documentos históricos y libros, en su mayoría nunca antes expuestos.

            La relevancia de Madrid como centro de producción de armas de lujo es consecuencia de su importancia como entorno cinegético y de la afición de los monarcas por la caza. En este punto es clave el reinado de Carlos II, pues será en el siglo XVIII,  cuando se fijen los rasgos característicos de la arcabucería madrileña. Más tarde, la afición de la dinastía borbónica hará que la fabricación de armas de lujo madrileñas alcance todo su esplendor, convirtiéndose en una producción codiciada en toda Europa.

                        Esta exposición explicará el porque y, además, analizará la trayectoria profesional y consideración social del arcabucero madrileño, figura clave en salvaguarda de la vida del Rey. Así, veremos nombres como Francisco Baeza y Bis, José Cano, Gabriel de Algora, Salvador Canarro, Diego EsquibelTodos ellos arcabuceros reales que llevaron su profesión al punto más elevado.

  

LA ESCOPETA MÁS ANTIGUA

            Estructurada en siete salas, la visita comienza por situar al público en el ambiente de la caza en la corte española y continua dando las claves de la gran calidad técnica que se daban en Madrid. En esta segunda sala podremos admirar el arma más antigua de la exposición, fechada en 1637, y perteneciente a Carlos II. Sin embargo, la mayoría de las escopetas y pistolas expuestas, fueron realizadas en el siglo XVIII, entre los reinados de Felipe V a Carlos IV.

            La siguiente sala introduce al visitante en la vida del arcabucero madrileño: los instrumentos que utilizaban, el alto grado de especialización y maestría que se le exigía, la oposición que debían pasar, el juramento del puesto, su consideración social, la venta de armas a través de anuncios en el Diario de Madrid… Además, se exhiben cinco punzones -instrumentos utilizados por los arcabuceros para <<firmar>> sus obras- con las cinco variantes del escudo de Madrid.

            La cuarta sala recoge uno de los grandes descubrimientos que ha llevado aparejado el estudio y montaje de esta exposición: una segunda armería real en Madrid, la llamada "Armería de la Real Ballestería". Fundadas por Carlos III para acoger armas de caza y que fue destruida por las tropas napoleónicas. Se situaba, según la investigación llevada a cabo por Álvaro Soler, cerca de la Cuesta de la Vega y medía unos de 40 metros de largo. En su interior se situaban 380 arcabuces, de los que, gracias a la intervención  de Manuel Mantilla de los Ríos, se pudieron rescatar entonces 35.

 

 

INDUSTRIAS DE FALSIFICACIÓN

            La exposición también nos recuerda que hubo una industria de falsificación en toda Europa de las armas madrileñas. Tal era su nombre, que en Inglaterra, Alemania, Francia e, incluso, Rusia copiaban  hasta las "firmas" de los arcabuceros de la Villa. Por ello, en 1795, Isidro Soler publica dos láminas con las marcas de los punzones de Madrid, desde 1684 hasta 1795.

            La sexta sala nos muestra las armas –casi flotantes- en cinco vitrinas. Aunque desde el punto de vista técnico las mejores eran las madrileñas, se decora siguiendo el gusto imperante en Francia-–a la moda francesa-, o en Italia -a la moda romana- e, incluso, se realizan  a las tres modas -italiana en la llave, francesa en la caja y española en el cañón-. De todas ellas se ofrece una pequeña muestra aunque, sin duda, la pieza clave y más lujosa de la exposición es un juego de caza de Carlos III. Contiene mecanismo madrileño y decoración francesa, por lo que llevó casi dos años de trabajo. No en vano contiene madera, acero, oro y plata.

 

GOYA Y LA ARCABUCERÍA

            Concluye la visita con una selección de las mejores piezas rodeadas de varias pinturas de Goya. Con ello pretende llamar la atención sobre la importancia de la arcabucería madrileña como tema recurrente en su obra pictórica y rendir un pequeño homenaje al Dos de Mayo a las puertas de su 200 aniversario.

 

 

TÍTULOS NOBILIARIOS

El BOE del 14 de junio de 2007 publicaba la orden por la que se manda expedir, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, Real Carta de Sucesión en los siguientes títulos nobiliarios: Conde de Quirós, a favor de Don Isidro Alejandro Millán, Mon. Marqués de Constancia Real, a favor de Doña Purificación-Pilar Lizasoaín Sasera, y Marqués de Monreal con Grandeza de España, a favor de Don Juan Manuel de Santisteban y Ruiz.       

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